Cuando Magdalena Knoll está todavía en la escuela primaria, sus padres le dan dinero para que se compre unos vaqueros nuevos en el mercado. Pero, al llegar a casa, su familia se queda de piedra: en lugar de los pantalones, Magdalena ha comprado tres pollos. Casi treinta años después, son veinte los pollos que corretean por la Leilichhof: desde entonces, Magdalena nunca ha dejado de sorprender a sus padres, Maria y Walter.

Los pollos en la Leilichhof

Walter tenía claro desde su infancia que iba a ser campesino. A principios de los años 90, encontró su camino: descubrió la agricultura ecológica y convirtió la finca agrícola.

“Con lo ecológico he redescubierto mi pasión innata por la agricultura”. Walter Knoll

Walter se dedica en cuerpo y alma a la agricultura “bio”. Los agricultores ecológicos utilizan exclusivamente los medios que se encuentran en la naturaleza, nunca elementos químico-sintéticos. Sin embargo, puesto que el olor de ciertos reactivos como la cal de azufre es penetrante, Walter se asegura de no molestar a sus vecinos durante el tratamiento de los árboles. De hecho, la Leilichhof está situada en el centro del pueblo de Lana y la filosofía de vida de Walter siempre ha sido: “Los unos con los otros, nunca en contra”.

Partiendo de esta actitud, Walter encaja bien en la ARGE, una asociación para la agricultura biodinámica. Le gusta ser consciente de que nunca se termina de aprender, así como el sentimiento de comunidad. Por eso aprecia las visitas a las fincas, en las que un pequeño grupo de agricultores biodinámicos profundiza en el estudio de una hacienda agrícola. En esas ocasiones, el campesino describe antes que nada su punto de partida y sus ideas: a cambio, recibe la sincera opinión de todos los participantes sobre su trabajo. De esta forma, cada realidad agrícola alcanza un mayor desarrollo y, al mismo tiempo, crecen también los agricultores y la propia comunidad.

“No tengo intención de obligar a ninguna de mis hijas a seguir mis pasos, pero me haría muy feliz que alguna de ellas tomara las riendas de la finca”. Walter Knoll
Magdalena entre sus hierbas

En 2011, una operación de cadera obliga a Walter a bajar el ritmo. Confía en que eso no será el final de la finca ecológica, sino el comienzo de un nuevo capítulo. Sin embargo, no quiere imponer nada a sus dos hijas. “Mientras estoy en la tienda, mi padre trabaja al aire libre”, piensa Magdalena, que es dependienta. Cuando ve que su padre necesita ayuda, se da cuenta de que la profesión de agricultora podría ser para ella y se despide. Se trata de un gran paso: por un lado, a Magdalena le encanta estar en contacto con los clientes en la tienda; por otro, hace diez años, ver a una mujer al frente de una finca era un caso realmente raro en Alto Adigio.

“Si una mujer quiere dedicarse a la agricultura, estoy encantada de compartir con ella toda mi experiencia”. Magdalena Knoll

Magdalena completa su formación agrícola en la escuela profesional Fürstenburg, en Burgusio, además de asistir al curso de Demeter en Frankfurt y a varias sesiones sobre agricultura ecológica en Alto Adigio. Muchas veces se la menciona con curiosidad, pues a menudo es la única mujer del grupo. Sociable como es, Magdalena se integra rápidamente en la comunidad agrícola. “Como mujer soy más lenta montando los postes, pero también veo las cosas desde otra perspectiva. Y no siempre lo diferente es peor, porque hace que el mundo sea un poco más colorido”, explica Magdalena.

Agricultora bio con corazon y alma

Como madre joven, Magdalena valora el hecho de que, al ser agricultora, puede pasar tiempo con su hija y también trabajar. Según la temporada, la pequeña Lena se queda más con ella, con su novio o con sus abuelos. Luego, durante la cosecha, Magdalena y Walter se encuentran en los campos de manzanos. El periodo de recolección de las manzanas en la Leilichhof es bastante largo: comienza en agosto con la Gala, continúa con la Evelina®, la Natyra®, la Kanzi®, la Braeburn y la Fuji y termina en noviembre con la Pink Lady®.

No obstante, dejar la finca en manos de la siguiente generación no siempre es fácil. Aunque a lo largo de los años Walter ha creado su propio estilo, ahora Magdalena infunde nueva savia y aporta ideas. Los dos puntos de vista no siempre coinciden. Por ejemplo: Magdalena poda los árboles en los meses de invierno, de manera diferente respecto a su padre. Pero juntos han encontrado un equilibrio para que Magdalena tenga suficiente libertad y Walter se sienta todavía necesario y valorado en todo momento.

Además de la agricultura, ambos tienen sus respectivas pasiones. A Walter le gusta hacer pan. Incluso ha construido una estufa de leña en el jardín y le ha puesto un techo encima: los días de lluvia, especialmente, le gusta encenderla y hornear en ella hogazas integrales con trébol, anís y comino.

La estufa de leña en el jardín de Leilichhof
“Me inspiran las conversaciones, la biodiversidad y cultivar mis propios alimentos. La casa rural me permite vivir todo eso y pasar el tiempo con mi familia”. Magdalena Knoll.

Las hierbas y la comida son los temas favoritos de Magdalena. Le gusta hablar de eso con sus huéspedes en la finca. La absenta, la hierba de san Juan, la caléndula, la malva, el aciano, la manzanilla, la milenrama, el té griego de montaña y la equinácea florecen exuberantes en la Leilichhof. Magdalena los seca en una caja de madera que tiene en el jardín para hacer infusiones y sal con hierbas, además de pomadas y aceites perfumados.

Calabacines, calabazas, pepinos, tomates, judías, lechuga, zanahorias… De esto y mucho más se encarga también Magdalena, en el huerto. Por la tarde, la jardinería es su forma de mantener el equilibrio. Le gusta pasar su tiempo libre en el jardín, igual que a su padre. Para las hierbas y las verduras, le encanta utilizar semillas de variedades ecológicas antiguas: esto refuerza la biodiversidad y promueve el ciclo natural, pues se trata de tipologías que se multiplican constantemente.

El jardín en la Leilichhof de la agricultora bio Magdalena

Magdalena se siente feliz por tener la posibilidad de cultivar sus alimentos delante de la puerta de casa: una finca en la que su hija puede divertirse al aire libre e incluso los pequeños animales de la granja pueden corretear libres. “La vida ha sido amable con nosotros y quiero preservar la naturaleza para que Lena también pueda disfrutar de ella”.